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fotografia

Chile despertó

“No fueron 30 pesos fueron 30 años” Con esta consigna popular se prendió la movilización social más importante de los últimos años en Chile y Latinoamérica.

Santiago de Chile 17 de octubre de 2019

Salía de conocer el taller de Marina Marcos, una joven artista entusiasta con gran amor por el arte de la enmarcación, estaba listo para empezar mi nuevo proyecto de fotografía Fine Art, había logrado hablar con un colega amigo que me iba a imprimir algunas fotografías de paisajes y texturas que había estando recolectado en mis últimos viajes.

Ese día la calle era otra, un aire de incertidumbre se sentía en la ciudad, mucha gente salía de sus trabajos hacia sus casas caminando porque las líneas del metro estaban cerradas, en algunas esquinas vecinos con ollas se reunían. Antes de llegar a casa una gran llamarada de fuego prendida en la esquina de portugal y marcoleta (Centro de Santiago).

– ¿Qué día es hoy? ¿Que se conmemora? Me preguntaba. Chile tiene esa gran costumbre de conmemorar sus luchas con masivas protestas y memoriales.

En las noticias pasaban imágenes de ríos de estudiantes de secundaria entrando masivamente al metro sin pagar, – la razón el alza de 30 pesos en la tarifa en este medio transporte.

En casa desde el piso 10 podiamos ver humo negro que salia de diferentes lugares de la ciudad. Mientras los minutos pasaban la calle más se agitaba.

– Piensa rápido, mirá hacia el escritorio, toma la cámara, los lentes y sal a la calle.

“Estamos cerca huele a Bogotá”

Una expresión que escuché de amigos y familiares y dije por muchos años antes de llegar por la entrada sur del municipio de Soacha zona vecina de Bogotá.

Ese inconfundible aroma del relleno sanitario de Mondoñedo que tanto nos acompañó en la salida y entrada de nuestros viajes a tierra caliente, .-así le llamamos los bogotanos a los pueblos que están bajando de los 2600 metros de la fría capital de Colombia.

A pesar de ser un país de conflictos en Colombia las barricadas son escenas muy lejanas que solo hemos visto en películas, documentales y algunas noticias internacionales.

Ese día Santiago los neumáticos, basuras y maderas quemadas ambientaban toda la ciudad.

Entre otros los olores el que más tengo grabado en mi memoria sin duda son los químicos del laboratorio de fotografía durabamos horas jugando a revelar rollos de 35mm, pasar una y otra vez papeles blancos por las bandejas mientras los aluros de plata reaccionaban mostrando mágicamente las capturas hechas por nuestras cámaras.

Demoler, demoler taca taca taca!!

Mientras caminaba agitado por fuego y el humo, la calle se silenció rápidamente alguien se subía a un semáforo de unos 4 metros de alto con gran facilidad, con una piedra en su mano empezó a golpear con furia una cámara de vigilancia, después de varios minutos e intentos la cámara cae al suelo y el agite del público no se hace esperar, en la otra esquina dos jóvenes rompían a patadas los vidrios de un paradero de microbus, mientras otros los alentaban con gritos y cánticos.

Aún con la cámara aún apagada sentía las miradas de los manifestantes, no había más fotógrafos en la escena, la inseguridad me invadía, finalmente alguien con una cámara al pecho es un turista buscando una foto o un simplemente extraño observador – ¿tendré apariencia de reportero de la prensa oficial? – pensé. Y si mejor me acerco a preguntar a alguien? – pero mi acento extranjero podría dejarme en evidencia y pensarían que soy algún infiltrado-, el ambiente era denso y confuso. Solo queria registrar este momento y volver con una buena foto del momento a casa, ¿una buena foto para que? o ¿para quién?.

Una pentax K1000

El maestro de taller de la imagen entró entusiasmado a clase para presentarnos un documental, según él nos cambiaría la forma de sentir la fotografía, – Hoy vamos a ver un documental sobre como  fotógrafas y fotógrafos en Chile se organizaron para documentar y evidenciar la dictadura de Augusto Pinochet. – ¿Vale la pena arriesgar tanto por una foto? Murmuramos algunos al finalizar.

En tercer semestre de la universidad Fabio Medellín fue nuestro primer maestro de fotografía, un viejo fotógrafo que nos introdujo en este apasionante mundo, sus clases magistrales en el teatro olían a tabaco mezclado con tinto (cafè). Recuerdo el día que se tomó un par de minutos para explicarnos cómo tomar la cámara envolviendo las correas en la mano y solo de ser necesario convertirla en un objeto de defensa frente a una represión en una manifestación. Nunca más volvió hablar del tema.

Fue una vieja Pentax k1000 la que compramos entre dos para usarla en clases, hacíamos turnos para llevarla a casa, el primer día que la lleve a casa fue un objeto de contemplación familiar, podía durar horas imaginando largos viajes por el mundo disparando y gastando rollos para luego ir al laboratorio a revelar y copiar.

Nunca tuve interés profundo por la protesta social estaba cargado de estigmas sobre la movilización,  además siempre he sido temeroso por lo que puede pasar en la calle en estos contextos. Los viajes y los paisajes me trasnochaban más. Años más tarde la misma fotografía me llevaría a un par de encuentros en paros nacionales en las calles que cambiaría mi forma de entender, sentir y vivir la resistencia popular.

Levanta la cámara piensa rápido.

Alguien delante del lente con un cartel que dice “Nos son 30 pesos, son 30 años”, al mismo tiempo un grupo de jóvenes mujeres escriben en un muro “Evade”, un grupo de amigos destapan unas latas de cerveza para brindar, mientras otros más corren en dirección hacia Plaza Italia, una mujer grita una consigna otras responde, unos arrastran un colchón para quemar en la barricada, una guitarra eléctrica pasa por encima de cabeza mientras cae en el fuego, en un oxxo gente lanzando chocolates y gaseosas mientras decenas se tiran a recoger el premio de como si fuera una piñata.

Ese día no había sirenas, guanacos o zorrillos, no había ni un tombo con sus tanquetas en la calle. Esa noche empezaba un carnaval de la dignidad, muchos fuegos prendidos en la ciudad anunciaban que ese día otra historia se empezaba a escribir en el otro Chile.

Durante tres meses entre cacerolazos, barricadas, marchas, lacrimógenas y mucha represión salí a la calle a observar, aprender y documentar lo que estaba pasando, enviaba reportes a la Vox Populi Radio en Colombia, lo que más impactó fue la forma orgánica en que la gente se organizaba en la calle, la primera línea, las brigadas de primeros auxilios, las brigadas de derechos humanos, los grupos de carnaval de las barriadas, las ollas comunes en las esquinas, las comisiones de comunicación, infancia y seguridad por barrios, los encuentros en parques y calles para hacer simulacros constitucionales, y los infaltables grupos de fotógrafos y comunicación alternativa haciendo cubrimiento.

Que ardan las iglesias

-En la televisión apareció una imagen que le dio la vuelta al mundo el amazonas brasilero ardiendo sin parar, duró días porque no hubo voluntad para frenar el fuego. Un potrero lleno de vacas genera más ganancias para unos pocos que un ecosistema que produce oxígeno para toda la humanidad.

En una servilleta escrita decia:  “Que ardan las iglesias, no el amazonas”, la guarde para supuestamente hacerle una foto, estuvo dando vueltas en casa por varios meses, no la volví a ver más.

En la invasión europea a las américas el sincretismo entró con sangre, las iglesias fueron puestas en los lugares de mayor importancia de las antiguas culturas, sus árboles sagrados fueron cortados para hacer gigantes cruces y el oro ese símbolo sagrado que representaba el dios sol fue puesto en cada pieza religiosa.

Cada vez que escuchábamos una sirena de bomberos corríamos para ver la ventana, esta vez el fuego estaba muy cerca, en la calle San Borja a unas pocas cuadras un grupo de manifestantes prendió fuego a una vieja iglesia. Al otro día había felicidad e indignación por parte de la gente.

Otras iglesias, edificios, bancos, comisarías, municipalidades, supermercados, farmacias,  también se fundieron en el fuego santiaguino, – en la calle alguien vamos a quemar todo lo nos hace mal.

“Ya vas a ver..”

En varias ocasiones había podido resistir la asfixia del agua del chorrillo, los ojos ardiendo por los gases lacrimógenos, en la calle se empezaba hablar que los “pacos” estaban usando armas más contundente, vimos varios heridos en sus piernas, brazos y cabeza por los balines.

El 8 de noviembre el estudiante Gustavo Gatica de 21 años recibió impactos de balines en ambos ojos quedando totalmente ciego.

Luego muchos casos de mutilación ocular empezaron a denunciarse, evidentemente el caso de gatica nos estremeció, la noticia daba la vuelta al mundo “En Chile protestar cuesta un ojo de la cara” Ny Times.

“El Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) de Chile reveló luego de tres meses del estallido social, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) de Chile reveló que, luego de tres meses del estallido social, unas 405 personas tienen heridas oculares tras las fuertes represiones de Carabineros (policía militar) a las protestas contra el presidente Sebastián Piñera.

En la calle los fotógrafos independientes y los medios alternativos eran la única prensa oficial de la protesta, durante meses las fotos de los colegas que estaba en las calles documentando dieron la vuelta al mundo evidenciando de la verdadera guerra que se estaba viviendo en las calles. Lamentablemente fuimos el nuevo objetivo, todo aquel que tuviera una cámara era enemigo, empezó la persecución, el hostigamiento, las detenciones arbitrarias a los colegas, cámaras rotas, muchos heridos. Llegó mi momento de parar, la calle estaba caliente, -siempre he sido temeroso por lo que puede pasar en la calle en estos contextos.

Después de 3 meses de agite en “La ciudad de los fotógrafos” muchos valientes colegas junto a otras manifestantes perdieron la vista por salvaguardar la memoria y relatar el momento histórico de un Chile que Despertó para no dormir nunca más.